¿Cómo elegir un candado? Reconocer la calidad (Parte 2)

Los tratamientos térmicos y químicos

En este “segundo capítulo” vamos a hablar de todos los tratamientos, térmicos y químicos, que se pueden hacer para garantizar una mayor resistencia en un candado.

La parte del candado más expuesta a los ataques es, sin duda, el arco (o vástago de cierre) y, por esta razón, debe fabricarse de manera que ofrezca una buena resistencia al corte, al desgarro y a los impactos. El material que mejor se adapta a la necesidad de defensa contra este tipo de ataques de fuerza bruta es el acero templado y cementado.
Lamentablemente, no es suficiente que en el arco esté grabada la palabra “Hardened” para tener la certeza de que el arco sea de acero templado. De hecho, muchos productos de importación oriental tienen esta palabra grabada, aunque no posean esta característica.


¿Cómo podemos comprobar si el arco o el vástago de cierre de nuestro candado es de acero templado y cementado?
Si los materiales utilizados no han sido tratados adecuadamente es suficiente dar un par de pasadas con una sierra para cortar en profundidad el arco o el vástago; en cambio, si el acero está bien endurecido, la sierra solo rayará la superficie, sin cortarla.

En efecto, el temple, que consiste en llevar el metal a altas temperaturas y luego enfriarlo rápidamente, confiere la resistencia mecánica, mientras que la cementación de la superficie, es decir, su enriquecimiento con carbono, mejora la resistencia al corte.
Además, un arco o un vástago de cierre sometidos a tratamientos químicos de cobrizado, niquelado y cromado son capaces de resistir a la corrosión mucho más tiempo que otros productos comerciales que han sido sometidos a un niquelado y/o cromado superficial, sin el paso previo de cobrizado que, precisamente, sirve para fijar mejor el niquelado y el cromado.
¿Cómo podemos verificar por nosotros mismos la calidad de los tratamientos químicos a los que se ha sometido el arco de un candado?
Solo tenemos que preparar un vaso (lo suficientemente grande para que quepa el candado), poner unos dos dedos de sal marina gruesa, verter agua caliente y mezclar para que se disuelva la sal, luego introducimos el candado “cabeza abajo” con el arco dentro del agua salada y lo dejamos aproximadamente una semana.

De esta manera se crea un ambiente muy corrosivo que pondrá a prueba los tratamientos químicos superficiales.
Transcurrido dicho periodo, quitamos el candado del agua y lo dejamos secar sin tocarlo. Si el producto ha sido sometido a tratamientos químicos de calidad no presentará signos de oxidación en el arco, de lo contrario se observarán puntos de corrosión.

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