«Total, si quieren robar, van a entrar igual» ¿Verdadero o falso? – Parte 3

En la última entrega de este artículo «por capítulos», siempre en busca de la respuesta correcta a la duda planteada en el título, habíamos llegado a la conclusión de que, lamentablemente, se están comercializando muchos productos baratos (la mayoría de importación oriental) que no disminuyen en lo más mínimo el riesgo de robo. Hoy veremos qué aspectos hay que tener en cuenta antes de elegir la protección adecuada para nuestras necesidades.

Para forzar productos como los de los vídeos que vimos en el artículo anterior  no se necesita una preparación especial, ni herramientas especiales, ni tiempo. Esto significa que el número de ladrones que son capaces de perpetrar un robo de este tipo es potencialmente igual al número de todos los maleantes que entran en contacto con bienes tan mal protegidos. Vuelve a venir al caso la comparación que hicimos en el primer artículo de esta serie con la búsqueda de un encargado de controlar la entrada de un circo, actividad para la cual el número de candidatos idóneos sería bastante alto.
En cambio, para ofrecer una seguridad real se han de emplear materiales y tecnologías que 5compliquen de manera creciente (y directamente proporcional al precio de los sistemas utilizados) los esfuerzos de los criminales, y que reduzcan progresivamente el número de maleantes capaces de neutralizar las protecciones aplicadas. Así llegamos a los sistemas de seguridad que, para ser neutralizados, necesitan varios ladrones muy preparados y con mucho tiempo a disposición, es decir, un número bastante reducido de sujetos potenciales, al igual que sucede con los trapecistas del circo de nuestro ejemplo inicial.


Conseguir una protección que solo se pueda neutralizar en estas condiciones es el mejor objetivo que podemos perseguir. Así es, si bien es cierto que a veces bandas organizadas roban o atracan furgones blindados o cámaras bancarias, también es verdad que estos robos son bastante raros (de hecho, suelen ser el argumento de películas sensacionales) y, por lo general, se concentran solo en objetivos de gran valor.
Para saber cuánto hay que invertir en la protección de nuestros bienes, antes tenemos que analizar el contexto en el que está situado lo que queremos proteger.

Cuando compramos o recibimos un bien de valor (ya sea una bicicleta, la casa donde vivimos, la oficina, el negocio o el garaje) nos tenemos que plantear las siguientes preguntas:

  • ¿Cuánto vale lo que tengo que proteger y cuánto lo pueden desear los ladrones?
  • ¿Cuál es el nivel de riesgo del ambiente en el que se encuentra el bien?
  • ¿Es un lugar aislado o concurrido?
  • ¿Cabe la posibilidad de que la policía acuda con rapidez?
  • ¿Desde cuántos puntos de acceso se llega a lo que queremos proteger?
  • ¿El bien se puede llevar consigo con facilidad?
  • ¿Cuántas personas pueden conocer los sistemas de seguridad aplicados en el lugar?

Después de contestar a estas preguntas, preferiblemente con la ayuda de un experto en seguridad, podremos decidir si y cómo aumentar las protecciones existentes dependiendo del contexto específico.
Para establecer cuánto tenemos que invertir en la seguridad nos puede ser útil saber que, por lo general, para que un bien esté bien protegido se requiere una inversión de entre el 5 % y el 10 % del valor del bien.
Del mismo modo que una bicicleta de 300 € se debe proteger con un artículo de seguridad que cueste entre 15 y 30 € (y no con el cable ultraligero que se suele regalar cuando se compra la bicicleta), una casa de unos 200.000 € requiere una inversión de al menos 10.000 €, si tenemos en cuenta que se han de proteger todas las puertas y ventanas con acceso desde el exterior con cerraduras y cancelas de seguridad y que se necesita un buen equipo antirrobo.

Así pues, tenemos que desconfiar de las propuestas de puertas de seguridad, cancelas, cerraduras, cajas fuertes y alarmas de bajo precio porque, en el mejor de los casos, son artículos «de servicio» aptos solo para contextos de bajo riesgo y, en el peor de los casos, estaríamos frente a seudodefensas como las que pudimos ver en los vídeos del artículo anterior.
Por lo tanto, al pensar en la seguridad no cometamos el error de considerar más importante lo que puede suceder que la frecuencia con la que realmente sucede.

El hecho de que, si se dan una serie de condiciones especiales, cualquier protección se puede neutralizar no significa que se deba pasar por alto la relación inversamente proporcional entre el grado de seguridad y la probabilidad con la que se producen las violaciones. Si cometemos este error corremos el riesgo de llegar a la conclusión paradójica de que tampoco vale la pena cerrar la puerta de casa: «Total, si quieren robar…»
En cambio, cuanto mejor es la protección menor probabilidad hay de que se cumplan las condiciones para ser víctimas de un robo. Pensemos, por ejemplo, en cuántas bicicletas cerradas con un simple cable se roban de los soportes cerca de las estaciones, en comparación con las que se roban cuando están ancladas a la pared con una fuerte cadena con candado o dentro de un garaje cerrado con buenas cerraduras y provisto de alarma.

Así pues, la respuesta a la pregunta del título de nuestro artículo es doble: verdad en condiciones muy especiales y falso en la realidad cotidiana. Pero, para que sea falso, hay que elegir e instalar los productos de seguridad con conocimiento de causa. El Club de Seguridad Viro se propone precisamente transmitir información para que los usuarios puedan tomar decisiones de manera más consciente.

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